2021-01-28

La campeona de Muay Thai y paramédico Anastasia Kalashnikova habló sobre su arresto y juicio por unas flores

27 enero 2021 | Nadzeia Filipchyk, BY.Tribuna.com 
Source: BY.Tribuna.com

La habitante de Minsk Anastasia Kalashnikova desde hace varios años compagina su trabajo como paramédico en una brigada de ambulancias con sus entrenamientos y participación en luchas. La joven ha obtenido victorias en campeonatos nacionales de kickboxing y Muay Thai, así como premios en torneos internacionales. La atleta tiene un tatuaje llamativo en la pierna: un retrato de Aliaksandr Lukashenka, pero no se puede sospechar que Kalashnikova simpatice con el gobierno actual: hace unos meses firmó una carta de los atletas por unas elecciones justas y contra la violencia. Ella sabe exactamente qué tipo de violencia describe la carta porque, justo después de las elecciones, Kalashnikova acudió a la calle Akrestsina como médica.

Recientemente, los medios de comunicación volvieron a escribir sobre Kalashnikova. Es cierto que la razón no fue la más alegre: el 17 de enero, la joven fue detenida y, al día siguiente, condenada a pagar una multa de 30 unidades básicas. El motivo de la multa fueron dos claveles que la atleta dejó en la nieve cerca del lugar de la muerte de Aliaksandr Taraikouski. Un par de días después de su liberación, nos reunimos con Kalashnikova para hablar de su arresto por las dos flores, sus historias de la calle Akrestsina y los atletas que hablan sobre la violencia solo en las cocinas de sus casas.

Acaba de terminar tu primer turno de trabajo después de tu detención. ¿Cómo te recibieron tus colegas?

Bien, y por alguna razón me recolectaron dinero, me sorprendió mucho. Me preguntaron cómo estaba, pero hablaban de aquello como si me hubieran estado matando allí. Todos estaban preocupados, pensaban que todo iba a terminar peor de lo que realmente resultó.

Sé que habías llevado flores al memorial de Aliaksandr Taraikouski, que fue asesinado el 10 de agosto, muchas veces antes.

Sí.

¿Por qué esto es tan importante para ti?

De alguna manera es una expresión de dolor, pero no se hace por los muertos. Hemos perdido a un hombre y esto está mal, y aún peor es que lo mataron. Y lo que es más, nadie fue castigado por su asesinato, nadie se molestó en investigar de alguna manera el caso. A la familia simplemente le escupieron en la cara. Me parece que incluso dijeron de Aliaksandr que estaba borracho o tenía una granada en la mano. No organicé piquetes en el monumento, solo llevaba flores cuando tenía la oportunidad.

El día de mi arresto no sabía ni siquiera que era domingo. Por mi trabajo no sigo mucho la cuenta de los días de la semana, solo sé que después de un turno de 24 horas tengo tres o cuatro días libres. En el departamento de policía tuve que mirar la fecha en el reloj, le di con el dedo al reloj que se habían olvidado de quitarme y allí se mostraba el día de la semana. Vi que era domingo y las piezas encajaron.

El 17 de enero también llevaste flores al monumento. ¿Qué pasó después de eso?

No iba a llevar flores allí, solo regresaba a casa en metro, vivo cerca. Salí del metro y vi que había pocas flores en el monumento y algunos trozos de cintas. Resultó que, cada vez que las fuerzas de seguridad sacaban a una persona de allí, también se llevaban o pisoteaban las flores.

Pensé que debería comprar un par de claveles. Bajé al pasaje por las flores, al mismo tiempo que seguía hablando por teléfono con mi madre, tenía un auricular. Salí del pasaje, dejé las flores, levanté la cabeza. Vi a una chica mirándome, luego volvió su mirada hacia el estacionamiento. Miré allí, un autobús salía del estacionamiento.

¿Cómo reaccionaste?

No me escapé. Creo que me engañó la sensación de que no había hecho nada malo; después de todo, ¡es una estupidez detener a alguien por poner una flor en la nieve! Sin embargo, le advertí a mi madre que había visto un autobús y fui en dirección a la parada de transporte. Unos minutos después, me detuvieron allí.

Ese autobús se acercó y los agentes de seguridad saltaron de él. Uno de ellos me agarró del hombro y dijo: «Vamos a hablar». Le pregunté de qué íbamos a hablar, pero él repitió lo mismo con más insistencia. Le propuse hablar en la calle. Seguía hablando por teléfono con mi madre y en ese momento ella comenzó a llorar.

Le pregunté al oficial de seguridad varias veces: ¿por qué? No soy tonta y entendí que no se limitaría a una conversación, que me llevarían y me acusarían de algo, y me preguntaba de qué. Me di cuenta de que no me lo iba a decir, empezó a empujarme hacia el vehículo y a decirme que de lo contrario sería peor. Luego le pedí que me dejara apagar el teléfono.

¿Te pidieron desbloquear en teléfono en el auto?

No, pero sacaron una cámara y por alguna razón empezaron a grabarme.

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¿Te hicieron alguna pregunta frente a la cámara?

Me preguntaron qué estaba haciendo en la estación de metro «Pushkinskaya» y qué tenía en la mano. Respondí que me iba a casa y que tenía flores en la mano y las dejé en el monumento. Al parecer, intentaba llevarme a algún tipo de confesión, decía que llevaba dos claveles en la mano para derrocar al gobierno. Es decir, el oficial de seguridad me hizo preguntas extrañas, y en un tono como si llevara una ametralladora en la mano en vez de unas flores.

Todo el autobús estaba lleno de agentes de la ley, pero solo dos de ellos se comportaron de manera agresiva: el que me detuvo y el que estaba sentado en el asiento delantero. Todos llevaban pasamontañas y estos dos llevaban máscaras. Estaban indignados por el hecho de que le estuviera llevando flores a una persona a la que no conocía personalmente, y que no hubiera ido con las flores al cementerio. Respondí que no sabían si había estado allí o no.

Esto enfureció al oficial de seguridad y cambió de tema. Empezó a hablar de que estamos convirtiendo en héroes a quién sabe quién, a unos cabrones. Comenzó a hablarme sobre un loco de Brest que violó y desmembró a una niña, luego trató de quemar sus restos. El loco fue capturado y luego murió, ya fuera en prisión o después de su liberación. Entonces, ese oficial de seguridad me dijo sobre el loco: «Habéis hecho de él un héroe». Le pregunté: «¿Quién lo ha hecho?». Me contesto: ¡no te hagas la tonta!

Pero realmente no entendía de qué se trataba y pensé que algo andaba mal conmigo. Como resultado, les pregunté a mis compañeros de celda qué clase de loco de Brest se había convertido en un héroe. En general, fue muy desagradable interactuar con las fuerzas de seguridad, no sentirme segura.

Me detuvieron aproximadamente a las tres y veinte, bastante temprano. Según el acta, todo sucedió una hora antes, pero en ese momento todavía estaba en Malinauka, me reuní en una cafetería con una amiga.

¿Estuvo más tranquila en el departamento de policía que en el autobús?

Solo hubo un empleado que se comportó de manera agresiva: el que me pidió que desbloqueara el teléfono. Me negué a hacerlo, y entonces comenzó a amenazarme con desbloquear el teléfono él mismo. Le respondí: «Puede hacer lo que quiera con el teléfono siempre que sea legal». El resto de los empleados se comportó de manera neutral, constantemente poniendo los ojos en blanco y preguntando: «¿por qué no os quedáis en casa?

¿Te dio la sensación de que se sienten cansados?

Sí, no quieren hacerlo, al menos la mayoría de ellos. Quieren que todo acabe más rápido, pero no entienden que con su trabajo solo contribuyen a que continúe. Además, todos los empleados que conocimos en el departamento de policía de alguna manera se defienden psicológicamente. Les haces preguntas diferentes, uno responde que no nos detuvo; el otro, que no redactó el acta; el tercero que no confiscó mis cosas. En plan, yo también estoy en contra, todo esto es absurdo, y no es mi culpa que te echen días de cárcel.

¿Con quién te encontraste en el departamento de policía?

Varias mujeres de edad avanzada estaban conmigo en la oficina, a dos de ellas luego se las llevó una ambulancia. Hasta altas horas de la noche no pudieron enviarnos al Centro de detención temporal de la calle Akrestsina, ya que tenían que esperar al convoy, nos bajaron a la celda. Luego trajeron a Palina Loika, paramédica de ambulancia de la segunda subestación. A un bloguero también se lo llevaron con nosotras al CDT, lo habían detenido por un vídeo en que llevaba un uniforme de policía [Emin Musayeu – nota]. Fue el único condenado no en virtud del artículo 23.34, sino en virtud del artículo 17.1 [vandalismo menor – nota]. Ninguno de los detenidos reconoció a este chico, pero absolutamente todos los policías lo saludaron. Por eso, nos reímos de él y dijimos que cuando los primeros fanáticos de un bloguero belaruso son policías, eso probablemente sea muy mala señal.

¿Qué pasó en el departamento de policía, por qué sacaron a las detenidas de allí en una ambulancia?

Ambas mujeres tuvieron una crisis hipertensiva, creo que se pusieron nerviosas. Una de las mujeres estaba muy preocupada por haber sido engañada. Cuando fue detenida, le prometieron que simplemente volvería a escribir los datos en el departamento de policía y la liberarían, y le expliqué que no nos dejarían ir. Esa mujer vivía en una casa frente a Pushkinskaya y simplemente salió para ver qué estaba sucediendo en el monumento. El empleado que estaba sentado en la oficina con nosotros intensificaba constantemente la situación: le dijo a la mujer que la encarcelarían, que le echarían días. La mujer trataba de bromear, pero estaba muy preocupada y constantemente le preguntaba al empleado si nos golpearían. Sentí pena por ella.

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Me dijeron que estuviste por primera vez en el Centro de detención temporal en agosto, pero entonces fue por trabajo. ¿Puedes contármelo tú?

Llegamos al CDT por la noche. La subestación que sirve al distrito de Akrestsina no tenía suficientes medios y se nos pidió ayuda. Tan pronto como entramos por la puerta, vimos a gente arrodillada junto a la pared. Detrás de estas personas había varias filas más de personas que también estaban de rodillas y al mismo tiempo estaban acostadas boca abajo. No dejaban de golpearlas.

Nos dijeron que saliéramos por la otra puerta y nos llevaron hasta varias personas heridas. Intentamos examinarlas y ayudarlas. Al mismo tiempo, sabíamos que las personas que estaban detrás de la cerca seguían siendo golpeadas, escuchábamos golpes, quejidos, cómo se les obligaba a repetir algo. Incluso mientras estábamos allí sacaron a los muchachos del Centro de detención temporal como prisioneros condenados a muerte. Corrieron en fila india como gansos, y los presionaban a todos, al final llegaron justo al lugar donde golpeaban a la gente.

Constantemente miraba las caras, tenía miedo de ver a alguien que conociera. Después de todo, no había Internet, no sabíamos cuáles de nuestros familiares podían haber sido detenidos. No entendía lo que estaba pasando y por qué todo era así. Entonces nos llevamos a cuatro pacientes, y llamé a otra ambulancia para dos adolescentes más asustados de unos 18 años; por cierto, me peleé con el oficial del CDT por ellos. Los muchachos estaban llorando y les pidiendo que los soltaran, dijeron que solo estaban parados en la tienda, y un empleado en chándal los empujó y gritó que los destruiría a ellos y a sus familias. Uno de los adolescentes, según me pareció, tenía la mandíbula rota, el otro tenía la nariz rota. No puedo entender por qué tuvieron que ser golpeados así. Como resultado, me quedé allí para esperar al siguiente equipo de ambulancia, que se llevó a los adolescentes. Tenía miedo de que, de lo contrario, a los muchachos con lesiones les dieran días de cárcel.

¿Cómo pasó esa noche en el CDT?

Hacía mucho frío.

¿No pudieron hacerte llegar ropa de abrigo?

Cuando estaba en el departamento de policía, a mi hermano no le dijeron dónde estaba. Dijeron que no me habían detenido o que me habían llevado al CDT, le dieron unos números de teléfono que no contestaban.

También, el jefe del CDT entró en nuestra celda, lo reconocí por una foto de los medios. Desde la puerta preguntó: «¿Quién es Kalashnikova?». Pienso, maldita sea, ¿por qué yo? Como resultado, se paró en la celda y nos insultó, me dijo que, si me habían por flores, entonces me encarcelarían por un caso real. También dijo que si hubiera estado con la bandera blanca, roja y blanca, me habría perdonado, pero como «llevo flores a esos bastardos», me quedaría en la cárcel. No sabía cómo entender todo esto y qué decir. Tenía la desagradable sensación de que estaba sola allí, y había muchos de ellos, y no podía hacer nada.

No teníamos colchones, dormíamos sobre tablas. No nos dieron ropa de cama, dijeron, «desinfección», y sonrieron. Por la mañana llegamos, según tengo entendido, del centro de prensa de la Dirección Principal de Asuntos Internos del Comité Ejecutivo de la ciudad de Minsk. Intentaron filmar contenido para sí mismos, y nos llevaron una por una al salón de actos. Después de la grabación, me llevaron a la primera celda masculina que encontraron; según tengo entendido, los chicos de esa celda habían salido a caminar. No solo hacía calorcito, también tenían colchones en las literas. Todos entendimos por qué la «desinfección» estaba en nuestro piso, porque, muy probablemente, solo los detenidos en virtud del artículo 23.34 estaban allí.

Ahora se habla mucho sobre la epidemia de covid en el CDT. ¿Qué puedes decir sobre esto como sanitaria?

Tenía más miedo de pillar chinches allí. El personal del CDT tiene mucho miedo a la covid, por lo que todos los prisioneros usan mascarillas. Otra cosa es que allí no se entreguen mascarillas, por lo que usas la misma mascarilla durante días. Además, no siempre mantuvimos la distancia, debido al frío, dormimos abrazadas. Y cuando nos llevaron al CDT, durante algún tiempo estuvimos cuatro en una celda-vaso diminuta. Las celdas en sí están sucias, después de dormir sobre las tablas olía a vagabundos. ¿Quizás tuvimos suerte de que no nos dieran colchones? En la celda de los hombres olía aún peor.

Las condiciones me quedan claras, pero, ¿y la comida?

Si siempre dan de comer así, no me sorprende que la gente enferme. Por la mañana nos trajeron té y un poco de maicena con agua; era tan insípido que ni siquiera entendía de qué tipo de cereal estaba hecha, pero era un plato dietético. También me dieron un trozo de pan grueso y a costa de él comí un poco. Entendí que si nos mandaban, por ejemplo, a Zhodzina, y no nos alimentaban, comeríamos la próxima vez solo por la mañana del día siguiente.

¿Qué tenías escrito en el acta administrativa?

Estaba con unas flores en la dirección «avenida de Pushkin, 21A», participó en un piquete. No hay información sobre qué tipo de piquete tuvo lugar allí o qué hacía allí. En el juicio supe que, según la información del testigo, mostraba no sé quié signos de solidaridad, pero no se decía nada en el acta. También afirmaron que atraje la atención de los automovilistas, pero, ¿cómo podría hacer esto?

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Constantemente intentaron convencerme de que con mis acciones había violado la ley, y la policía antidisturbios también afirmó que yo estaba provocando. Pregunté a quién provocaba y ellos me respondieron: «No te hagas la tonta». ¿Quizás provocaba a los servicios de limpieza urbana a que limpiaran?

Es decir, no hubo diálogo en el juicio.

La juez ni me habló, estaba viendo videos en TikTok. El juicio se llevó a cabo a través de Skype, así que no entendí por qué miraba constantemente el teléfono. Pero mi hermano estaba en el juicio y se dio cuenta de lo que pasaba. Dijo que, durante el descanso, la juez también discutió el video de TikTok con su asistente.

¿Esperabas que te echaran días de cárcel en el juicio?

Sí, estaba segura de que no me esperaba nada bueno. Un empleado del CDT estuvo constantemente conmigo en el juicio, no se fue ni siquiera cuando me estaba hablando por Skype con un abogado, aunque esas conversaciones deben ser confidenciales. Y cuando me dieron una multa de 30 unidades básicas, otros empleados del CDT le preguntaron cómo terminó todo, y se sorprendieron cuando se enteraron de la multa. Creo que fue la presencia de un abogado lo que me ayudó, y también el hecho de que el acta administrativa estaba elaborada con irregularidades. Tuve suerte, aunque recibí una multa por nada.

¿Le ayudarán a pagarla?

Sí, me escribieron desde el fondo ByMedSol, dijeron que eso no sería un problema. En el trabajo también recaudaron dinero para mí, pero quiero transferir parte de los fondos a Palina Loika, la condenaron a 25 días.

***

Los medios de comunicación escribieron sobre ti hace varios años como una chica con un tatuaje inusual: un retrato de Lukashenka en la pierna. ¿El tatuaje todavía está en su lugar?

Sí. En 2013, recibí una multa de 22 unidades básicas por él.

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¿Bajo qué circunstancias?

Me detuvieron en el estadio antes de un partido de fútbol del «Partizan». Al parecer, estaba corriendo y diciendo palabras malsonantes, y en ese momento apareció de repente un pelotón de policías antidisturbios. De hecho, mi amiga y yo estábamos esperando a que comenzara el partido. Tuve una pelea con el oficial de seguridad y me golpeó en la pierna, precisamente donde Sasha [hipocorístico de Aliaksandr (Lukashenka) – Nota de la traductora, Ángela Espinosa Ruiz]. Me molesté y le pregunté: «¿No ama a nuestro presidente? Entonces, ¿cómo trabaja usted aquí?». En algún momento, el hombre se enojó, hizo una señal y la policía antidisturbios me puso boca abajo en el suelo. Como resultado, me detuvieron y, tal vez me podrían haber echado días de cárcel, pero me llevó una ambulancia.

¿Tuviste alguna lesión?

Más bien, el departamento de policía simplemente no quiso tratar conmigo. Cuando el OMON me trajo, me miraron con sorpresa: 158 centímetros de altura, camiseta blanca y pantalones cortos. Cuando empezaron a registrar mis cosas, simplemente vacié el contenido de la bolsa sobre la mesa. Iba a casa desde la escuela y en mi bolso había libros de medicina y un fonendoscopio. Preguntaron: «¿Es usted médica?». Respondí que todavía no. Como resultado, fui acusada de vandalismo y resistencia a la autoridad. Hubo cuatro víctimas: el comandante del pelotón y tres colegas que lo defendieron. Supuestamente, rompí el uniforme de todos, insulté y golpeé a todos. Cuando se leyó el acta en la que estaba escrito todo esto, todos en el departamento de policía se rieron y yo me senté en estado de shock. Tenía una ceja muy rota, llamaron a una ambulancia y luego me dieron de alta. Salí del país un mes y medio, y al llegar me encontré en el buzón una orden judicial y una multa. Los chicos del sector me ayudaron a pagarla.

¿Cómo decidiste hacerte un tatuaje así? ¿Solo por diversión?

Sí. Yo tenía unos 19 o 20 años, ¿y quién se distingue por sus buenas decisiones a esa edad?

¿No has pensado en quitarte el tatuaje?

Quitármelo copletamente, no, no lo he considerado, más bien quería corregirlo. Además, tengo otra pierna, y está Kolia [hijo menor de Aliaksandr Lukashenka y el más mediático de ellos – NT], todo bien.

No me arrepiento de haberme hecho este tatuaje. Me hice mis tatuajes solo para mí y realmente no pensé en el hecho de que la gente les prestaría atención. Tengo algunos tatuajes de muy mala calidad, pero no me los voy a rehacer. Todos son un reflejo de mi vida en ciertos momentos, es experiencia.

En el otoño, una declaración tuya en las historias de las redes sociales se difundió ampliamente. Reflexionaste sobre por qué los kickboxers no hablan sobre la violencia en el país.

Incluso dije palabras malsonantes. Le oculté esa historia a mi madre a propósito, y cuando vi que se había hecho viral en Internet… Todo el día estuve mirando el teléfono y pensé que mi madre me llamaría y me regañaría por la historia, pero no lo hizo.

¿Cómo reaccionaron tus conocidos del mundo deportivo a ese vídeo?

Algunos se sintieron ofendidos y luego firmaron una carta progubernamental. Fue divertido de ver. Se lo tomaron todo personalmente, sucede que la gente simplemente se cree el ombligo del mundo. De hecho, yo estaba muy enojada por su silencio, por eso me expresé así en la historia. También me sorprendió que la gente me preguntara por qué los kickboxers no hablaban abiertamente, ¡preguntémosles a ellos mismos!

Mi opinión subjetiva, y que no solo concierne a los atletas, es la siguiente: en algún momento, más cerca de principios de septiembre, todos tuvieron que hacer su elección. Aquellos que querían hablar, hablaron; el resto solo está esperando a ver quién gana. Está claro que estamos sentados en las cocinas y discutiendo todo esto.

No digo que los silenciosos sean malas personas, digo que no les importa. En un lado de la escala hay vidas humanas que han sufrido y, en el otro, el salario, y una de estas dos cosas debe importarte un bledo. Es decir, tienes que estar listo para que te de igual la vida y quedarte con tu salario, o para hablar, pero sabiendo cómo puede terminar.

Algunas personas preguntan: «¿Quizás los atletas simplemente no se dan cuenta de todo esto?». ¿Son tontos y no saben leer? En los pasillos entre ellos todo el mundo habla de política, a veces en los vestuarios incluso cuelgan anuncios con la prohibición de discutir todo esto. Y todos entendemos la opinión de la mayoría de deportistas, el gobierno cuenta con el apoyo de unos pocos. Pero los que están en contra nunca hablarán, para ellos es más importante mantener lo que tienen ahora. Y algunos se quejarán constantemente de que lo que tienen no es suficiente para ellos, pero les importa seguir haciéndose las víctimas.

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¿Hay firmantes de la carta progubernamental entre tus conocidos?

Tengo el mismo entrenador que Dima Valent, aunque la verdad es que Dima después retiró su firma. Según tengo entendido, en general dudaba sobre si firmar la carta. Todo está claro: cuando te ponen una carta y un contrato, para muchos es un factor decisivo. Me cae muy bien Dima, así que me sentó un poco mal cuando me enteré de que había firmado. En el caso del resto de firmantes, fue todo lo que podía esperarse.

¿Por qué?

Se quieren más a sí mismos, y esta es una buena cualidad para un atleta. Quizás ganen algo por eso.

Pero, ¿qué hay de la motivación de representar al pueblo?

Según creo, un porcentaje muy pequeño de deportistas se sube al ring para que le den en la cabeza y al mismo tiempo piensa en el apoyo del pueblo. Salen por ellos mismos, y los grandes campeones tienen buenos egos. Si crees que eres en lo más mínimo peor que tu oponente, es poco probable que ganes; por supuesto, también tienes que echarle fuerza.

Pero tú decidiste firmar la carta a favor de unas elecciones limpias.

Creo que tiene más puntos relacionados con la situación del país que con las elecciones. Era más probable que las elecciones fueran un catalizador de todo, aunque fracasaran.

¿Fuiste a votar?

Sí, votamos todos en familia. Mamá fue a las urnas por primera vez desde los años 90, solía ser una típica belarusa que estaba convencida de que su voto no significaba nada. Y luego, en abril, me preguntó por quién era mejor votar.